Para todos los gustos

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Hay cervecerías artesanales -donde se cruzan las maestras de las escuelas cercanas con jóvenes de 20 años cuyos padres están mucho más tranquilos sabiendo que están cerca de casa-, cocinas étnicas con cartas de restaurantes acordes y delis sin TACC, lugares trash y otros súper coquetos. Más allá de los ejemplos mencionados, cada barrio esconde lugares nuevos y propios, conocidos tan sólo por vecinos y comunicados a través del boca a boca. Desde Rayuela, un bellísimo café y restaurante en Agronomía hasta Lab Sucré, una pastelería de vanguardia ultramoderna en Flores, de aires japoneses y sabores coreanos. Así también en el anonimato, comenzó Tierra de Nadie, detrás de Parque Centenario, en una calle que de noche está desierta (el nombre fue elegido por lo poco atractivo de su ubicación). Hoy, con 20.000 seguidores en Facebook, es una de las hamburgueserías más famosas de la ciudad con extensas cartas menu de restaurantes y paneras de cuero, a punto de inaugurar un segundo local en el mismo barrio. «Elegimos la zona por necesidad, no teníamos presupuesto para alquilar algo más céntrico», explica Diego Sovilj, creador de este fenómeno barrial que logró lo que pocos consiguen: no sólo ser elegido por los vecinos, sino además tener una clientela que viene de toda la ciudad sólo para probar sus tremendas hamburguesas, como la Jim Beam Burger, con el sabor intenso del whiskey americano. «Existe el orgullo barrial, gente que defiende su lugar en el mundo. Desde que abrimos, cambió mucho la zona. Antes, acá comías milanesas y si querías algo distinto te ibas a Palermo. Eso ya no es tan así», dice.Resultado de imagen para cerveceria

Si TDN es un ejemplo nacido del bajo prespuesto, Oporto Almacén supo ser una de las principales apuestas gastronómicas en pleno Núñez, con diseño minimalista ideado por Horacio Gallo, una cava de vinos firmados por los mejores enólogos del país, una rotisería moderna, muy buena coctelería, una terraza única y platos realmente logrados (probar los crepes fritos de langostino, espinaca y hongo), todas características que marcaron un antes y un después en uno de los barrios que más crecieron en la última década. De haber surgido como lugar oculto en la esquina de un angosto pasaje cerca de Av. Del Libertador, hoy Oporto se convirtió en prueba irrefutable de cómo alejarse de un polo gastronómico puede ser la mejor estrategia.

En Roldán la especialidad es el brunch, que se sirve sábados y domingos, de 11 a 16, con huevos benedictinos, portobellos grillados, salchichas alemanas y un clásico macaroni & cheese. En una mesa, Tatiana Scherman charla con Yamila Rotmistrovsky, mientras saborean salmón ahumado, con queso brie y rúcula. Se conocieron en el edificio donde viven y desde entonces salen por el barrio. «Vivía en Palermo. Y cuando nos mudamos a Saavedra, sentí que estábamos resignando lugar para ganar espacio. Pero hoy lo veo distinto, el barrio está cambiando, se empezó a poner más lindo», dice Tatiana. «Ahora salimos mucho con amigas o con mi marido. Hay buenas pizzerías, una pastelería de especialidades alemanas, lugares de cocina naturista. Yo trabajo en Microcentro y una vez que vuelvo al barrio, no quiero salir», dice, en una de las mesas de Roldán. Dentro del local, en una estantería, un cartel dice «paz». Esa que sólo los barrios pueden lograr.

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