Cliff House, bocados deliciosos con vista memorable

mamboproductora

San Francisco en California, es de esas ciudades donde uno se traslada al pasado en un abrir y cerrar de ojos. Sus construcciones son testigos fieles de la historia de esta interesante ciudad. Un ejemplo perfecto de esto es Cliff House, un edificio que ha sido protagonista de grandes acontecimientos en San Francisco, y que hoy podemos ver, e imaginar, sentados desde algunas de las mesas en Sutro´s, uno de los dos restaurantes ubicados en el lugar.

La primera Cliff House que se construyo fue en 1858 y se ha reconstruido cinco veces, ya sea por daños o remodelación. La construcción de 1894 ha sido la más fotografía y reconocida, que la realizara el filántropo, Adolph Sutro (de ahí el nombre de uno de los dos restaurantes en la actualidad) quien hiciera una hermosa casa de estilo victoriano de siete pisos. Cliff House ha sido escenario de muchos acontecimientos históricos, entre ellos varios naufragios, uno ocurrido en 1887 que causo daños en la segunda casa cuando la dinamita del barco explotó. La primera transmisión de un barco a tierra, utilizando código Morse, fue recibida ahí en 1899 y en 1905, la primera transmisión de voz de la radio fue enviado desde la casa a un punto que estaba a una milla y media de distancia.

Si bien Cliff House sobrevivió al terremoto que azoto a San Francisco en 1906, esta se quemo hasta los cimientos al año siguiente, y fue la hija de Sutro quien comenzó la construcción de un nuevo restaurante en 1908, a una escala más pequeña que la original.

La zona donde se encuentra ubicada Cliff House, es el parque nacional urbano más grande de todos los Estados Unidos, y en algún momento, ahí estuvieron los baños de agua salada más grandes del mundo. Las ruinas de lo que fueran los Baños de Sutro, se pueden ver al bajar hasta la playa. Además uno puede pasar el resto del día disfrutando de las vistas espectaculares que el Océano Pacífico ofrece para deleite de quienes paseamos por ahí. Sentada en una de las grandes rocas, pude observar a osados surfistas, en este juego con y contra las olas, saliendo victoriosos muchos, y otros no tanto.

El almuerzo (o Brunch) es uno de los mejores momentos para gozar de las espectaculares vistas que el restaurante Sutro´s ofrece, especialmente a quienes tienen la fortuna de sentarse junto a los altísimo ventanales que lo rodean, a través de los cuales uno alcanza a ver los increíbles acantilados, las ruinas de los Baños Sutro, y parte de la vegetación del parque nacional.

Instalada en una de estas mesas que les cuento, me dispuse a ver la carta menu de restaurantes mientras disfrutaba una copa de champagne que encontre en las cartas para restaurantes que armonizaba perfecto con el escenario y el lugar. El restaurante de Sutro´s es de esos sitios en los que uno puede durar horas ahí sentada, aun yendo sola como yo lo estuve, ante la belleza del mar y las burbujas de mi copa, el tiempo parecía haberse detenido.

Me dispuse a seleccionar los platillos que mejor se adecuaban al lugar y la historia. Comencé con una sopa tradicional de la costa oeste, una clam chowder, porque uno no puede pensar en venir a San Francisco y no comer una. Vino en un pequeño bowl, lo cual agradecí de sobre manera, porque esta sopa puede ser muy pesada y yo generalmente me lleno con ella.

Continué con unos panquecitos de cangrejo fritos deliciosos que venían acompañados con papas fritas. Al verlos pensé que sería mucho para después pedir unos mejillones, pero como ya les cuento que aquí el tiempo pasa lento y no se siente, mientras los comía observaba el vuelo de algunos albatros y a los surfistas lidiar con las olas.

Finalmente llegaron mis Mejillones braseados con cerveza Anchor y salsa harissa. Una receta muy diferente a la que suelo probar, en la que generalmente van con vino blanco y papas a la francesa. Los mejillones tomaron un sabor exquisito por esta cerveza tan especial y el toque ligeramente picante y especiado de la salsa harissa (originaria de Túnez). Me encanto probar algo nuevo, diferente y que resultara tan sabroso.

Finalmente llego el postre, un budín con helado de vainilla y mucha felicidad. Me lo devoré sin la menor culpa.

Al salir de ahí me di una vuelta por la tienda que esta junto para conocer más sobre la historia de Cliff House, baje de nuevo hasta la playa, y deje que el resto de la tarde pasara viendo pasar a la gente, y dejando que la suave brisa acariciara mis mejillas, un final perfecto para un domingo en Cliff House.

Tag: cartas de menu de restaurantes

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